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Por: Eduardo Lan 

Ser líder no es tarea fácil para ninguno de nosotros, ya que si lo fuera habría un exceso de ellos. Solo ayer tuve una serie de retos familiares y laborales que demandaron mi liderazgo, y tengo que admitir que no fui el mejor líder en esa ocasión. La realidad es que existe una carencia de líderes efectivos, la cual es obvia ante las inmensas necesidades no satisfechas en todas las áreas de la vida. Existe un vacío de liderazgo en nuestras organizaciones, instituciones, órganos gubernamentales, comunidades, familias, país y el mundo en general, donde los problemas a resolver son cada vez más complejos y las personas capaces y dispuestas a resolverlos son cada vez menos.

Esta carencia de liderazgo quizá se deba a las características que suponemos poseen los líderes. Un líder, piensan muchos, es visionario, inspirador, integro, honesto, confiable, comunicativo, elocuente, seguro de sí mismo, positivo, comprometido, responsable, creativo, etc. Según John Maxwell, un reconocido autor sobre el tema, “un líder es alguien que conoce el camino, recorre el camino y muestra el camino a otros”.

Así las cosas, un líder es alguien muy especial; tan especial, quizá, que pocas personas en el mundo reúnen esas características. Existen ciertas suposiciones acerca del liderazgo, las cuales establecen quién es y no es un líder, excluyendo a la mayoría de nosotros de este grupo privilegiado. ¿Pero que sí estas suposiciones son erróneas? ¿Qué si nuestras creencias acerca de quién es o no un líder están equivocadas?

A continuación te presentamos cinco creencias que impiden que una persona normal como tú o yo sea un líder.

1. Ser inteligente

Creemos que los líderes son inteligentes, más inteligentes que el resto de los miembros del grupo al que lideran… Por eso son líderes, ¿no? ¡Error! Un líder no necesariamente es la persona más inteligente del grupo, sino aquella que tiene la capacidad de reunir a los individuos con el conocimiento requerido para tener éxito en el proyecto en cuestión. Franklin D. Roosevelt dijo una vez: “No soy el tipo más inteligente del mundo, pero vaya que puedo elegir colegas inteligentes”.

2. Ser fuerte

Un líder siempre debe mostrarse fuerte, nos dice la sabiduría popular. De hecho, la mayoría de libros sobre liderazgo nos indican que los líderes deben proyectar confianza y enfrentar sin miedo y titubeo cualquier adversidad que se presente. Y aunque sería genial contar con un superhéroe así, la realidad es que los líderes son igual de vulnerables que cualquier otro ser humano, por lo que en lugar de aparentar fuerza sería mejor cultivar la perseverancia.

3. Ser duro

Tenemos una imagen fija de los líderes que dicta que son personas autoritarias y de carácter fuerte. Esto es evidente en la manera en la que la mayoría de los ejecutivos ejercen su liderazgo. Ser duro con las personas definitivamente genera resultados en el corto plazo, impulsados por el miedo, pero su impacto en los resultados a mediano y largo plazo es catastrófico. Para lograr resultados sostenibles es necesario equilibrar un trato riguroso con un trato humano.

4. Ser carismático

Otro mito que existe en torno al liderazgo es que los líderes más exitosos son muy carismáticos, lo cual ha sido perpetuado por líderes como Martin Luther King Jr. y John F. Kennedy en la política; y Lee Iacocca y Jack Welch, en los negocios. La realidad, sin embargo, es que existen todo tipo de líderes y algunos de los más exitosos no son necesariamente carismáticos. En su libro Empresas que Sobresalen (Good to Great) el escritor Jim Collins, uno de los gurús contemporáneos del liderazgo, nos dice que una de las características clave que permite sobresalir a las empresas es la presencia de un líder nivel 5, lo cual está más allegado a la humildad que al carisma.

5. Ser jefe

Por último, la mayoría de nosotros pensamos que no podemos ser líderes porque no tenemos la autoridad formal para hacerlo, es decir, no somos el jefe. Aunque dicho cargo permite ejercer un liderazgo, el contar con él no lo garantiza. Todos conocemos a jefes cuyo liderazgo deja mucho que desear. En contraposición, todos también conocemos a personas que no tienen ninguna autoridad formal pero que definitivamente ejercen liderazgo.

En última instancia, ser líder tiene que ver con hablar y tomar acción cuando se requiere, e impulsar a otros a hacer lo mismo. Lo sepamos o no, todos nosotros ya somos líderes, puesto que impulsamos constantemente a otros a seguir nuestro ejemplo, para bien o para mal. Einstein dijo: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. Te invito a dejar de compararte con ese líder superhéroe inalcanzable y empezar a asumir tu liderazgo con el ejemplo diario que le das a aquellos que te rodean.

Disponible en: Mundo Ejecutivo

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