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El 60% de los problemas empresariales son consecuencia de una mala comunicación, y aprender a escuchar tiene un papel preponderante para tomar decisiones.

22-10-2012
 
 
           
POR: *Eduardo Lan

La mayoría de las personas reconocen que saber escuchar es una habilidad esencial para mejorar las relaciones humanas; no obstante, es común que frecuentemente no se lleve a cabo, lo cual impacta negativamente las relaciones y lo que se puede lograr, tanto en la vida personal como en la laboral.

En el ámbito empresarial este hecho tiene graves consecuencias. Se calcula que 60% de los problemas empresariales son consecuencia de una mala comunicación, lo cual tiene que ver más con la calidad de nuestro escuchar que con la calidad de nuestro hablar, debido a que esta primera habilidad determina lo que escuchamos y decimos y, en consecuencia, lo que escucha y dice el otro.

Escuchar involucra oír con atención, enfocado en la gente e interpretar sus palabras;  los seres humanos somos bastante buenos oyendo, que es muy distinto a escuchar, una habilidad que aún no desarrollamos totalmente. Cuando escuchamos a alguien, pocas veces estamos completamente atentos a sus comentarios y nos centramos, más bien, en lo que pensamos acerca de lo que el otro está diciendo, todo con el fin de preparar la respuesta que vamos a dar; esto, por diseño, involucra forzosamente un escuchar defectuoso.

Existen tres tipos de escucha: ausente, automática y proactiva

El tipo de escucha ausente: sucede cuando estamos en una conversación o reunión, pero nuestra mente está en otra parte, sabemos que no escuchamos lo que dijo el otro y continuamos con la conversación hasta que se suscita un malentendido. La mejor manera de evitar una situación así, es generar suficiente relación y confianza para detener la conversación en el momento en que notamos esta ausencia, ya sea propia o del otro, ya que, de lo contrario, la comunicación no es efectiva y la conversación se convierte en una pérdida de tiempo.

El tipo de escucha automático: los seres humanos filtramos todo lo que escuchamos para determinar la validez de lo dicho. Así, nos hacemos preguntas internas que evalúan lo que dice el otro. Algunos ejemplos de estas preguntas son: ¿es cierto o falso? ¿Estoy de acuerdo o no? ¿Cuál es su punto? ¿A mí para que me sirve? Este tipo de escucha limita la calidad de la conversación, ya que nos predisponemos a escuchar ciertas cosas, causando que no detectemos cuestiones valiosas en la plática, simplemente porque no estamos atentos a ellas.

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