Corner
POR: Eduardo Lan, Mesa Consultores Estoy teniendo una conversación de negocios con un cliente cuando repentinamente me preocupa que las cosas no estén saliendo bien. Mi diálogo interno se dispara y emite un montón de juicios sobre el cliente, la situación y sobre mí. En lugar de solventar la situación, me vuelvo presa de mi diálogo y empiezo a tratar de corregir el camino, guiado más por el miedo a equivocarme que por la certeza de lo que se requiere en el momento. Además de forzar mis argumentos, mi lenguaje corporal comunica incomodidad, lo cual es evidente para el cliente. Como es de esperarse, tengo una conversación no productiva que genera un resultado no deseado. ¿Quién de nosotros no ha tenido una situación similar, ya sea con un cliente, un jefe, un colaborador, un amigo, o incluso con un miembro de nuestra propia familia? Dicho problema tiene que ver con nuestra incapacidad para manejar con efectividad nuestros pensamientos y sentimientos, lo cual sucede no solo en conversaciones con otros, sino también, e incluso con mayor frecuencia y gravedad, con nosotros mismos. Los seres humanos vamos por la vida con un juez interno, una vocecita por decirlo de otra manera, que todo el tiempo está analizando, evaluando y opinando. Desafortunadamente, los juicios que emite dicha vocecita generalmente no son nada constructivos e impactan negativamente nuestras acciones, conversaciones, resultados, relaciones, paz mental, y nivel de satisfacción personal y laboral. Y no es que tener pensamientos, opiniones, juicios y sentimientos tenga algo de malo en sí, sino que más bien estos nos tienen a nosotros; es decir, estamos tan identificados con aquello que pensamos y sentimos que ello nos controla. Para contrarrestar esta esclavitud y ser más efectivos es necesario practicar y dominar algo llamado mindfulness, un término del idioma inglés. Mindfulness es una de esas prácticas que está de moda, aunque la realidad es que sus orígenes milenarios se remontan a la filosofía budista de hace más de 2,500 años. El término es tan exótico que ni siquiera existe una traducción exacta al español. Lo más cercano es “atención plena” o “presencia mental”, pero ninguno de estos términos acaba por convencer. De manera similar, la naturaleza exótica ha ayudado a distanciar a muchas personas que se beneficiarían de ello, ya que cualquier mención de mindfulness evoca imágenes de gurús, swamis o hippies, y un tono esotérico con el que muchas personas prácticas, especialmente en el mundo de los negocios, no se logran identificar. Desmitificando el mindfulness Mindfulness no es otra cosa que la atención consciente de nuestro flujo constante de pensamientos y sentimientos de manera tal que seamos capaces de elegir aquellos que nos sirven y dejar pasar aquellos que no nos sirven, algo que nos beneficiaría a todos. A continuación te hacemos cinco recomendaciones para lograrlo. 1. Tienes pensamientos y sentimientos, pero ellos no son tú y tú no eres ellos El primer paso imprescindible para volverte amo de tus pensamientos y sentimientos es captar o "reconocer" que los tienes de manera similar a como tienes una mano y un pie, pero éstos no constituyen tu ser. Si tuvieras un accidente grave y perdieras una mano, ¿dejarías de ser un ser humano? Obviamente no. De manera similar, tienes pensamientos y sentimientos, pero ellos no te definen y, por ende, puedes dejar ir aquellos que no te benefician. 2. Conviértete en un observador imparcial La práctica clave para desarrollar la habilidad del mindfulness es volverte un observador imparcial de todos tus pensamientos y sentimientos. Estamos habituados a pensar y sentir en automático, y es común vernos arrastrados por cualquier pensamiento o sentimiento que fluye por nosotros. Ser un observador imparcial involucra distanciarse del flujo constante que existe en nuestra mente y cuerpo, y simplemente observarlo sin juzgarlo. 3. Nombra tus sentimientos y no construyas sobre estos Otra práctica muy útil es nombrar los sentimientos que tenemos de manera tal que los identifiquemos sin construir sobre estos, lo cual quiere decir no agregarle más basura a la basura. Si estás enojado, di enojo; si estás preocupado, di preocupación; si tienes miedo, di miedo, y después déjalo ir. Nombrar nuestros sentimientos sin desarrollar un diálogo interno es una manera poderosa de honrarlos sin volverte esclavo de ellos. 4. Responde, no reacciones Ante una situación adversa como la que mencioné al inicio en mi ejemplo de la conversación con el cliente, es normal reaccionar inmediata e instintivamente al miedo y a la preocupación. No lo hagas, puesto que ello seguramente será contraproducente. En su lugar, tómate unos segundos para dejar pasar el pensamiento o la emoción no constructiva y responde de manera apropiada. 5. Practica, practica y practica Como dije anteriormente, estamos habituados a pensar y sentir en automático. De hecho, y dependiendo de tu edad, tenemos años practicándolo. Como resultado, es predecible que no sea nada fácil cambiar de manera de ser. Para lograrlo es necesario que adoptes una práctica. Algunas personas meditan, lo cual es inmensamente poderoso; pero no es necesario hacerlo de manera exótica: sentado en posición de flor de loto, con velas, incienso y música transcendental. Simplemente sentarte en silencio, inmóvil y con la espalda erguida, y observar tus pensamientos y sentimientos sin agregar tu diálogo interno, es suficiente. Otra posibilidad es caminar o hacer ejercicio practicando intencionalmente ser un “observador imparcial” de tu flujo mental y emocional. En última instancia recuerda que el mindfulness es simplemente acerca de estar presente, lo cual es necesario si quieres tener un impacto positivo en tu vida. Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de medicina, fundador y director de la Clínica para la Reducción del Estrés y uno de los máximos exponentes occidentales del mindfulness, nos dice: “El mindfulness es tan poderoso que el hecho de que venga del budismo es irrelevante”. Si te interesó esta columna y quieres aprender más acerca del mindfulness sin todo el significado esotérico que a menudo conlleva, te recomiendo leer el libro “10% más feliz: cómo conseguí controlar mi voz interior, reducir el estrés sin perder competitividad y encontré auto ayuda que realmente funciona—una historia real”, escrito por el periodista y presentador de noticas en televisión, Dan Harris. ¿Cuántas conversaciones no productivas has tenido por no saber ordenar y manejar tus pensamientos? Un experto te explica y te dice cómo aplicar este modelo. Disponible en: Alto Nivel
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